Etiquetado muestra nulo impacto.

Investigación indica que en el caso de los cereales y jugos existe una menos probabilidad de venta si tiene la etiqueta “alto en”. No se observa lo mismo en categorías como galletas y chocolates, donde existen pocas alternativas sin etiquetado. Más allá de los sellos, advierten, se requiere información transparente y mejorar la calidad de los sellos.

¿Han resultado efectivas las etiquetas? ¿Se compran menos productos “altos en…”? Un estudio de la Universidad de Chile, Identificación de los efectos del etiquetado de alimentos en el comportamiento del consumidor, indica, que en algunos casos ha resultado, pero no en todas las categorías. La investigación, analizó los efectos heterogéneos en cuatro categorías de productos como cereales para el desayuno, chocolates, jugos, dulces y galletas.

En la categoría de cereal, la nueva etiqueta de advertencia reduce la probabilidad de que un producto sea elegido en 11,0%, mientras que observaron una considerable reducción del 23,8% en la probabilidad de elegir productos en la categoría de jugos. Por el contrario, no encontraron efectos de la regulación sobre los chocolates y dulces y galletas.

En distintos países ha habido estudios que miden el impacto en comportamiento del consumidor en relación a la información nutricional en distintos formatos, como con “semáforos” o “sellos saludables”. La actual investigación en Chile,

Si bien respecto a la evaluación de la medida se han realizado focus groups, así como otros métodos cualitativos, éstos cumplen un rol distinto. Levantan percepciones y actitudes frente al etiquetado, señala Daniel Schwartz, académico de ingeniería industrial de la U. de Chile e investigador del Instituto Milenio ISCI, las que contribuyen a evaluar en ciertas dimensiones una política determinada. “Sin embargo, no es un método que permite medir el impacto de una política en términos de comportamiento. Lo que se dice no es necesariamente lo que se hace”.

Otro aspecto que el estudio revela es que los efectos son impulsados ​​principalmente por los consumidores de altos ingresos. Lo que indicaría que los hábitos de alimentación saludable de los grupos socioeconómicos altos son más susceptibles de ser modificados por el suministro de información nutricional interpretativa.

Una tarea en la cual los proveedores tienen un rol muy importante. La evidencia indica que son ellos los que también reaccionan y mejoran la composición de sus productos en el mediano plazo, explica Schwartz, “obviamente esto requiere que la información sea transparente y que la autoridad vele que los productos mejoren en su calidad, más allá de los sellos”.